El día que murió Marilyn
Tal día como hoy, hace cuarenta y ocho años, Norma Jean Baker Mortenson -la conocida por todos, y para siempre, como Marilyn Monroe- era hallada sin vida en su casa de Brentwood (California).
Más allá del hecho de su muerte, pretexto éste que ha dado mucho juego a los fabuladores, admiradores y mitómanos criados a la sombra de su ausencia durante estas casi cinco décadas, este breve post tiene la intención de rendir un homenaje más (todo homaneja es poco), a la sensual y frágil intérprete que fue Marilyn. Porque Marilyn, a diferencia de compañeras de profesión suyas ya bien sean coetáneas o anteriores, supo hacerse eterna e irrepetible (por mucho que no dejen de aparecer díscolas muchachitas que, tinte rubio mediante, se crean capaces de igualarla) con un modo de ser ante la cámara que consistía en ir más allá de un mera forma de actuar. Porque, por mucho que sus detractores afirmen que Marilyn no fue una buena actriz -pérfida crítica fundamentada en su falta de puntualidad en los rodajes o sus inseguridades frente a la cámara-, nadie puede negar la fuerza del mito que ella levantó. Un mito sexual (más sensual que sexual, por lo que de fragilidad y ternura contenía), pero también un mito del cine que a la postre se convirtió en metáfora del final del star system, al tiempo que su nombre se ha convertido, con el paso del tiempo, en un sinónimo de la cultura pop, de lo que gran parte tiene culpa, evidentemente, el famoso retrato que Andy Wahol tomó de ella en el cénit de su carrera. Y conseguir esto, claro, sólo está al alcance de muy pocas figuras del cine. Las elegidas, entre las que ella ocupa un lugar de honor.
De Marilyn hay trabajos, hoy ya grandes clásicos, que ningún cinéfilo de bien puede dejar pasar por alto. Me refiero, por ejemplo, al famoso número Diamonds are a girl best friends que interpretó en Los caballeros las prefieren rubias (Howard Hawks, 1953); la célebre (y de nuevo, tan terriblemente imitada a posteriori), escena de La tentación vive arriba (Billy Wilder, 1955) en la que ella evita que se le suba su vaporosa falda blanca; o su divertido papel en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) por el que ganó el Globo de Oro. De forma paralela a su ascenso al Olimpo de Hollywood su vida sufrió turbulencias en el terreno de lo personal que siempre han sido señaladas como causa de su inestabilidad como actriz.
Su muerte ha estado rodeada por sombras y las suspicacias de aquellos que quieren ver atisbos de conspiración en este suceso, negando que se tratara de un suicidio para señalar al clan Kennedy (cómo olvidar aquella sublime felicitación a JFK), como responsable de su fallecimiento, cual grupo de gánsters, basando su argumento en diarios secretos y débiles testimonios, alguno de ellos, verdaderamente disparatado.
Fuera así o no, su muerte dejó huérfana a una generación de jovenzuelos cinéfilos entre los que se encontraba mi admirado Terenci Moix. Este post, que lleva por título el de una de sus novelas más famosas, también va para él, que fue uno de los más grandes seguidores de Marilyn de la que dijo en sus Inmortales del Cine años 50: “Hoy es propiedad de la memoria colectiva. Y para todos los amantes del cine será siempre una amiga inolvidable. Un primer amor.”
Vaya por ambos.

Bonito homenaje para los dos, desde luego. Hace poco he releído Música para camaleones, que sé que tanto te gusta a ti también. Siempre me hace sonreír el relato que le escribe Truman Capote a Marilyn. El título, A beautiful child, me parece perfecto para sintetizar esa fragilidad de la que hablas y que combinaba con una sensualidad menos sexual de lo que nos la han querido vender.
Aquí dejo el link del relato en castellano por si alguien quiere recordar a Marilyn a través de las palabras de su amigo Truman Capote.
http://www.taringa.net/posts/arte/1374414/Marilyn-Monroe-por-Truman-Capote.html
(Lo único que sé sobre el autor del post es que es argentino y parece llamarse Ignacio. No es que sea una fuente muy bien citada, pero en fin) =)
Gracias por hacer esta referencia bibliográfica (¿o acaso bibliófila?). Cuánto hubo de Marilyn en Capote y viceversa. Cuánto de ambos en nosotros.
Ojalá un día no muy lejano me arme de valor para leer su obra magna.
Besos.