Saltar al contenido

El milago de P. Tinto: ¡25 años!

15 julio 2010

Porque hoy, 15 de julio (idus de julio para los amigos del calendario romano), cumplo 25 años, me ha vuelto a la memoria cierta escena de esta película que ahora recupero aquí, no he querido dejar pasar por alto la oportunidad de rescatar un film que considero magnífica comedia.

El milagro de P. Tinto (1998), se trata del primer largometraje de Javier Fesser por el que obtuvo diversos premios como el Premio Sant Jordi de RNE a la mejor ópea prima o el Goya a los mejores efectos especiales y más de 1.300.000 espectadores. En 2003, volvió a reventar las taquillas de toda España con La gran aventura de Mortadelo y Filemón.

El milagro de P. Tinto se debate entre la comedia familiar y el más absoluto e hilarante absurdo. Nos presenta la historia del último hombre de la saga familiar P. Tinto, de cómo éste crece y madura sin abandonar un estado de permanente candidez  y funda una familia junto a una invidente tan cándida o, tal vez, tan por encima de la realidad gris y hostil que los rodea, como él. Porque en el fondo se trata de una hstoria de un hombre y una mujer que no aceptan la realidad del presente e imaginan un mundo a su medida. Ése es el milagro de P. Tinto. El formado por actos tan estrafalarios como el de creer que, rezando a San Nicolás -santo que vale para todo- (y sólo así), podrán tener hijos, o como el de aceptar sin extrañeza alguna a un tipo barrigudo y cuarentón que un buen día aparece en el umbral de su casa como hijo adoptivo o a dos enanos calvorotas venidos de otro planeta como hijos naturales.

Porque, aunque la acción se desarrolla en un tiempo y un espacio no especifiados, el director nos induce a pensar que estamos situados en los años oscuros que trajo consigo la dictadura franquista mediante guiños que nos recuerdan la caspa y el atraso económico de aquella época terrible. Y frente a ello, esta familia resiste en soledad y mediate la imaginación como única arma, en una casa situada en mitad del campo y en las cercanías de unas vías de tren abandonadas.

La escena

Abandonadas… y sólo vueltas a la vida… ¡cada 25 años! Cada cuarto de siglo (y esta es la escena que me vino a la mente hoy), un magnífico tren, el Pendular del Norte, pasa por allí sin ni siquiera parar. Porque, para qué va a parar, ¡si pasa cada 25 años! La plasicidad del tiempo, la forma en el que éste pasa  (rápido o sosegado, de atrás hacia adelante), sin que que pase nada, nos introduce a un rico y divertido universo, imposible y cálido al unísono.

El milagro de P. Tinto es, en definitiva, una película esencialmente tierna, una oda a la inocencia perdida o arrebatada; un canto al absurdo de la mano de Luis Ciges, mago del surrealismo, un eterno retorno, una película, en fin, que se enriquece a cada nuevo visionado.

Han pasado 25 años, así que pasen otros 25.    

 

Advertisement
Sin comentarios aún

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.