Te quiero Phillip Morris: amor fou
Calificación: 7’5
Vuelve Jim Carrey. Vuelve la comedia. O casi.
Te quiero Phillip Morris (Glenn Ficarra y John Requa, 2010) podía haber sido una película de éxito en su país de origen (EE.UU.), una historia de amor cualquiera, protagonizada por un actor cualquiera (Jim Carrey o Ewan McGregor, por ejemplo), una comedia (o casi) que sin llegar a ser una obra maestra, habría podido dejar al público bien satisfecho. Y todo esto podría haber sido posible de haberse tratado de una peli comercial desde el primer momento sobre un amor cualquiera, comercial y… heterosexual.
Te quiero Phillip Morris nos presenta a un Jim Carrey maduro, consciente, como siempre lo fue, de su potencial para la comedia pero que en este momento también sabe explotar su vis trágica, que se mete en la piel de Steven Russell, un policía que parece encarnar el perfecto sueño americano: una casa bonita, una esposa sumisa y abducida por su integrista concepción de la fe cristiana y una hija pequeña.
De pronto sufre un acidente de tráfico, del que sale malherido y asegurando que a partir de entonces él iba a ser el que realmente siempre había sido: un hombre “gay, gay, gay”, tal y como dice mientras lo introducen en la ambulancia ante la indiferencia de los camilleros.
A partir de entonces, y tras comunicárselo a su perfecta esposa, Steven se dará a la canónia vida gay: frivolidad, lujo y promiscuidad. Y para poder mantener el altísimo tren de vida en el que él solito decidió enrrolarse, no encuentra mejor forma que convertirse en un estafador ya sea falsificando tarjetas de crédito, ya sea vendiendo tomates podridos.
Finalmente, este policía que había dejado de serlo, es cazado y sus huesos van a parar a la cárcel donde nos espera el nudo argumental de la película.
Un día, Steven observa en el patio una rutinaria pelea entre presos y descubre, apartado de todos, a un hermoso rubio ( Ewan McGregor) que asiste a la escena hororizado. Desde entonces ese chico rubio que se llamaba Phillip Morris y Steven Russell mantienen una complicada relación amorosa que necesita de la complicidad de muchos como la de aquel reo que se encarga de llevar y traer la correspondencia que ambos mantienen mientras cumplen condena en pabellones distintos.
Con todo, Steven es mucho más decido que Phillip y se adapta mucho mejor al ambiente penitenciario creando una sólida red de favores hasta conseguir que ambos convivan en la misma celda. Es entonces cuando asistimos a la escena más hermosa de la película: ambos bailan abrazados, mostrándose todo su amor y quedando en evidencia la dependencia a todos los niveles de Phillip para con Steven.
Pero de nuevo, las mentiras duran poco y les toca vivir su amor por separado. La acción se hace cada vez más vertiginosa y desternillante -sin olvidar las dosis de dramatismo- con constantantes salidas de la cárcel que duran igualmente poco dado que Steven no deja de caer en la reincidencia de la estafa llegando a ocupar un altísimo puesto en una importante empresa sin tener la menor idea de finanzas. Y mientras Phillip le echa en cara ser eso, un mentiroso incorregible (descubrimos que Steven que hasta entonces era el abogado de Phillip, ni siquiera era abogado), entendemos que a pesar de su personalidad, a pesar de no entender su comportamiento a veces, Steven todo lo que hace, lo hace por amor, amor fou.
Porque de eso trata esta película que no ha encontrado distribuidor en EE.UU. (el mismo país que alumbra el trabajo, luego impide que se vea, cosas de un imperio loco), del amor que dos hombres se profesan. Es un filme que a pesar, como he dicho, de que no lleguará a convertirse en una película de culto, sí es, sin duda, digna de mención por la magnífica interpretación de Jim Carrey y el hecho transgresor que supone darle vida a una rocambolesca historia de amor entre hombres que está basada, por otra parte, en hechos reales.
Hay, sin embargo, algunas peticiones que hacerle a Hollywood.
Si retrocedemos en el tiempo, nos encontramos con Brokeback Mountain ( Ang Lee, 2005) que igualmente nos habla de una historia de amor homosexual. Como en Te quiero Phillip Morris también, los personajes entran en conflicto -a otro nivel, evidentemente- consigo mismos ya que hasta el momento en que se encuentran han llevado vidas dentro de la norma social del heterosexismo, tal y como le ocurre al personaje de Jim Carrey.
Sería bueno que de una vez por todas, nos encontráramos con historias donde dos hombres (o dos mujeres) se enfrenten al amor desde la más abierta homosexualidad sin tener que pasar por el trance de romper con una vida en apariencia heterosexual.
En contra de esto habría que señalar lo significativo que resulta que actores de renombre hayan decidido darle vida a hombres homosexuales ya que esto habría resultado impensable en el Hollywood de no hace muchos años. Tal y como ocurrió en el caso Sean Penn con su papel en Mi nombre es Harvey Milk (Gust Van Sant, 2008), actores muy conocidos y respetados del cine estadounidense parecen (felizmente) dispuestos a romper moldes y tabúes anclados y sustentados por las atávicas y terribles tradiciones. Si de esta, como de otras películas, lo único que queda es esto -que tampoco lo creo así- habrá sido un excelente trabajo.
Os animo a disfrutar de esta película protagonizada, sin duda, por la pareja mejor avenida de este verano.
El día que murió Marilyn
Tal día como hoy, hace cuarenta y ocho años, Norma Jean Baker Mortenson -la conocida por todos, y para siempre, como Marilyn Monroe- era hallada sin vida en su casa de Brentwood (California).
Más allá del hecho de su muerte, pretexto éste que ha dado mucho juego a los fabuladores, admiradores y mitómanos criados a la sombra de su ausencia durante estas casi cinco décadas, este breve post tiene la intención de rendir un homenaje más (todo homaneja es poco), a la sensual y frágil intérprete que fue Marilyn. Porque Marilyn, a diferencia de compañeras de profesión suyas ya bien sean coetáneas o anteriores, supo hacerse eterna e irrepetible (por mucho que no dejen de aparecer díscolas muchachitas que, tinte rubio mediante, se crean capaces de igualarla) con un modo de ser ante la cámara que consistía en ir más allá de un mera forma de actuar. Porque, por mucho que sus detractores afirmen que Marilyn no fue una buena actriz -pérfida crítica fundamentada en su falta de puntualidad en los rodajes o sus inseguridades frente a la cámara-, nadie puede negar la fuerza del mito que ella levantó. Un mito sexual (más sensual que sexual, por lo que de fragilidad y ternura contenía), pero también un mito del cine que a la postre se convirtió en metáfora del final del star system, al tiempo que su nombre se ha convertido, con el paso del tiempo, en un sinónimo de la cultura pop, de lo que gran parte tiene culpa, evidentemente, el famoso retrato que Andy Wahol tomó de ella en el cénit de su carrera. Y conseguir esto, claro, sólo está al alcance de muy pocas figuras del cine. Las elegidas, entre las que ella ocupa un lugar de honor.
De Marilyn hay trabajos, hoy ya grandes clásicos, que ningún cinéfilo de bien puede dejar pasar por alto. Me refiero, por ejemplo, al famoso número Diamonds are a girl best friends que interpretó en Los caballeros las prefieren rubias (Howard Hawks, 1953); la célebre (y de nuevo, tan terriblemente imitada a posteriori), escena de La tentación vive arriba (Billy Wilder, 1955) en la que ella evita que se le suba su vaporosa falda blanca; o su divertido papel en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) por el que ganó el Globo de Oro. De forma paralela a su ascenso al Olimpo de Hollywood su vida sufrió turbulencias en el terreno de lo personal que siempre han sido señaladas como causa de su inestabilidad como actriz.
Su muerte ha estado rodeada por sombras y las suspicacias de aquellos que quieren ver atisbos de conspiración en este suceso, negando que se tratara de un suicidio para señalar al clan Kennedy (cómo olvidar aquella sublime felicitación a JFK), como responsable de su fallecimiento, cual grupo de gánsters, basando su argumento en diarios secretos y débiles testimonios, alguno de ellos, verdaderamente disparatado.
Fuera así o no, su muerte dejó huérfana a una generación de jovenzuelos cinéfilos entre los que se encontraba mi admirado Terenci Moix. Este post, que lleva por título el de una de sus novelas más famosas, también va para él, que fue uno de los más grandes seguidores de Marilyn de la que dijo en sus Inmortales del Cine años 50: “Hoy es propiedad de la memoria colectiva. Y para todos los amantes del cine será siempre una amiga inolvidable. Un primer amor.”
Vaya por ambos.
El milago de P. Tinto: ¡25 años!
Porque hoy, 15 de julio (idus de julio para los amigos del calendario romano), cumplo 25 años, me ha vuelto a la memoria cierta escena de esta película que ahora recupero aquí, no he querido dejar pasar por alto la oportunidad de rescatar un film que considero magnífica comedia.
El milagro de P. Tinto (1998), se trata del primer largometraje de Javier Fesser por el que obtuvo diversos premios como el Premio Sant Jordi de RNE a la mejor ópea prima o el Goya a los mejores efectos especiales y más de 1.300.000 espectadores. En 2003, volvió a reventar las taquillas de toda España con La gran aventura de Mortadelo y Filemón.
El milagro de P. Tinto se debate entre la comedia familiar y el más absoluto e hilarante absurdo. Nos presenta la historia del último hombre de la saga familiar P. Tinto, de cómo éste crece y madura sin abandonar un estado de permanente candidez y funda una familia junto a una invidente tan cándida o, tal vez, tan por encima de la realidad gris y hostil que los rodea, como él. Porque en el fondo se trata de una hstoria de un hombre y una mujer que no aceptan la realidad del presente e imaginan un mundo a su medida. Ése es el milagro de P. Tinto. El formado por actos tan estrafalarios como el de creer que, rezando a San Nicolás -santo que vale para todo- (y sólo así), podrán tener hijos, o como el de aceptar sin extrañeza alguna a un tipo barrigudo y cuarentón que un buen día aparece en el umbral de su casa como hijo adoptivo o a dos enanos calvorotas venidos de otro planeta como hijos naturales.
Porque, aunque la acción se desarrolla en un tiempo y un espacio no especifiados, el director nos induce a pensar que estamos situados en los años oscuros que trajo consigo la dictadura franquista mediante guiños que nos recuerdan la caspa y el atraso económico de aquella época terrible. Y frente a ello, esta familia resiste en soledad y mediate la imaginación como única arma, en una casa situada en mitad del campo y en las cercanías de unas vías de tren abandonadas.
La escena
Abandonadas… y sólo vueltas a la vida… ¡cada 25 años! Cada cuarto de siglo (y esta es la escena que me vino a la mente hoy), un magnífico tren, el Pendular del Norte, pasa por allí sin ni siquiera parar. Porque, para qué va a parar, ¡si pasa cada 25 años! La plasicidad del tiempo, la forma en el que éste pasa (rápido o sosegado, de atrás hacia adelante), sin que que pase nada, nos introduce a un rico y divertido universo, imposible y cálido al unísono.
El milagro de P. Tinto es, en definitiva, una película esencialmente tierna, una oda a la inocencia perdida o arrebatada; un canto al absurdo de la mano de Luis Ciges, mago del surrealismo, un eterno retorno, una película, en fin, que se enriquece a cada nuevo visionado.
Han pasado 25 años, así que pasen otros 25.
Coraje: memoria de María Elena Moyano
De nuevo, me decido a presentaros un comentario escrito en principio para una asignatura pero que, por la emoción que me causó este film, creo que no puedo dejar de compartirlo con vosotros.
———————————————————————————————————————————————-
Ayer tuve la muerte cerca […]
comprendí qué difícil es el sacrificio
pensé en mis hijos, mi vida y mi historia
pero cerca de la muerte sentí el amor,
este amor que ahora siento por ti,
mis hijos y mi pueblo,
y volví a sentir la vida cerca de mí
(Poema de María Elena Moyano citado en MCEVOY, G., 2008: 100)
Director y contexto
Antes de comenzar con el análisis de las ideas principales y secundarias que la película nos aporta y que estructuraremos en torno a su protagonista, María Elena Moyano, nos adentraremos de forma breve en la filmografía del director de Coraje para luego hacer algunos apuntes sobre el contexto histórico que envuelve el desarrollo argumental del filme.
Nacido en Lima en 1953, Alberto Durant estudió cine en Bélgica y Londres. Al regresar a su país, y tras haber escrito durante algún tiempo, críticas de cine en un semanario, comienza con su andadura en el mundo del largometraje en 1981 con Ojos de perro, una cinta cuyo nudo argumental, ambientado en los años 20, ha sido enmarcado en la estética del realismo mágico del cine peruano. Cinco años más tarde, dirige Malabrigo, considerado por los críticos un nuevo acierto del director.
En 1991 estrena Alias la Gringa, filme que mezcla el género carcelario y de aventuras y que supera en calidad a sus otras dos predecesoras.
A pesar de haber cosechado hasta ese momento cierta relevancia en el mundo del cine peruano, es en 1998, con la presentación de Coraje, película objeto del presente comentario, con la que entra en el panorama cinematográfico internacional. (ver web 1).
La película, galardonada con el Colón de Oro del Público al mejor largometraje en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, es un ‘biopic’ sobre la vida de la dirigente comunal peruana María Elena Moyano, centrándose la acción entre los años 1987 y 1992, es decir, desde el momento en que Villa El Salvador (distrito popular de Lima en el que María Elena llevó a cabo su lucha), fue premiado por el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y el 15 de febrero de 1992, día en el que la dirigente fue asesinada por PCP-Sendero Luminoso, subrayando el importante papel de María Elena como líder izquierdista y feminista al promover programas para la creación de comedores sociales y su discurso a favor de una democracia con mayor índice de participación ciudadana y la denuncia sin reparos de la violencia senderista a la que se oponía frontalmente y que, como luego se verá, desgraciadamente le costó la vida.
Analicemos ahora el contexto político en el que, entre esos años, vivía Perú para entender así las circunstancias en las que vivió, luchó y murió María Elena Moyano.
A mediados de los ochenta, el aprista Alan García (actual presidente de Perú), llega por primera vez al poder en medio de una deprimente situación económica que presentaba, por ejemplo, una caída de los sueldos en el sector público que pasaron de 230 dólares en 1980 a 97 en 1985 (Klarén, 2004: 465). Asimismo, en la segunda mitad de la década, la depauperación de las clases populares fue acentuándose y a la altura de 1990, año en el que se celebraron elecciones, la presencia del grupo terrorista Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL), que inició su “guerra popular prolongada” contra el Estado en 1980, se hacía cada vez más insostenible con cientos de asesinatos cada año.
Estas elecciones de 1990, a las que el afamado escritor Mario Vargas Llosa se había presentado como candidato de la derecha neoconservadora, la cual tenía como modelo a seguir la figura de Margaret Thatcher, partiendo en un primer momento como claro favorito, fueron la tarjeta de presentación de un hasta entonces prácticamente desconocido Alberto Fujimori, que se hizo con el poder mediante un discurso populista que le permitió tomar el espectro del voto correspondiente al centro al encajonar, hábilmente, en la derecha, a Vargas Llosa al que acusó de querer “europizar” al Perú.
Como decimos, Fujimori supo manejarse bien en el discurso populista al visitar, por ejemplo, distritos humildes limeños tales como Villa El Salvador. En el plano económico, Fujimori parecía poder despertar, por su ascendencia japonés-peruana, los interes de Tokio mediante un fácil acceso a los préstamos y capitales del país del Sol Naciente. Además Fujimori prometió invertir grandes cantidades de dinero en la mejora de las condiciones de vida de las clases humildes. Sin embargo, a su llegada al poder, estas promesas pronto se diluyeron en las aguas del olvido y las infraestructuras estatales, ya minadas por la acción terrorista de los senderistas (dados a la destrucción de caminos), siguieron empeorando. Atacando la inflación desbocada, el gobierno cortó los subsidios de precios y el gasto social. La consecuencia más directa de esta política fue el crecimiento de un quinientos por ciento de la mayoría de los alimentos.
Este fenómeno económico, catastrófico para la mayoría de las familias más humildes, es conocido como ‘fujishock’.
Por otra, la desatención por los servicios públicos, tales como la sanidad, se manifestó claramente en 1991 con una epidemia de cólera, enfermedad inaudita desde el siglo XIX y que dejó, sólo en Perú, dos mil quinientas víctimas para luego expandirse por los países vecinos.
Y esta decadencia política y económica, insistimos, acompañada de fondo por el pavor producido por el terrorismo paramilitar de Sendero Luminoso que bajo la percepción general, como dice Klarén (p.490): “estaba avanzando gradualmente hacia su objetivo de destruir el Estado.” Esta percepción, añadimos, sumaba peso en la ya crecida inestabilidad del país.
Podemos decir que esta pincelada aquí trazada fue la realidad que acompañó a María Elena Moyano en sus últimos años de vida, tal y como muestra fielmente la película que ahora nos disponemos a analizar.
Ideas principales
El Estado/Los estados.
Esta conmovedora película tiene como principal tema el estado y distintos discursos elaborados en torno a su concepción. Decimos que es la principal idea por no decir que se trata de la única, ya que los demás temas, de menor alcance, parten de esta misma cuestión tal y como argumentaremos seguidamente.
Como decimos, en torno al Estado, encontramos en el filme tres discursos bien diferenciados que son defendidos por personas o entes muy dispares y cuyos intereses en poco o nada se asemejan.
1. El Estado gubernamental.
Como ya hemos indicado, en estos años de decadencia económica en los que la acción del filme se desarrolla, los distintos gobiernos peruanos, ya estuvieran, como el de García, situados a la izquierda, o a la derecha, como el de Fujimori, no hicieron nada por evitar las desigualdades económica y social que, en aumento, iban separando a los distintos estratos sociales siempre en detrimento de los más desfavorecidos. Ni la nacionalización de la banca llevada a cabo por Alan García a finales de la década de los ochenta, ni el programa neoliberal de Fujimori con política de reducción de gasto público y privatizaciones, sanearon la malherida economía peruana.
Esta situación, como decimos, se sentía especialmente en las zonas más humildes del Perú tales como el distrito limeño de Villa El Salvador, un barrio de aluvión nacido en torno a los 70 por unas 80 primeras familias que se instalaron en mitad de la nada. Tomaron las tierras de Pamplona como una movilización por el derecho a una vivienda. Pronto, tras el choque con las fuerzas de seguridad enviadas por el gobierno para disuadir a las familias allí asentadas, surgieron sistemas de canalización y electricidad gracias, y sólo gracias, al trabajo y esfuerzo de los vecinos cuyo número aumentaba rápidamente y que conjuntamente trazaron un plan urbanístico racional, pasando de las primeras casas de instrumentos constructivos perecederos en parte a otras ya de materiales nobles.
Llegada a una muy temprana edad, María Elena Moyano, fue testigo del carácter autogestionario de Villa El Salvador, algo que influyó en su posterior formación política a favor de las clases desfavorecidas.
Vemos, por tanto, que en la película, María Elena se muestra orgullosa del trabajo realizado por sus vecinos y elabora un discurso a favor de una democracia con mayor participación popular y más localista. Un discurso revolucionario que ese opone al Estado defendido por las oligarquías políticas que dan de lado a los problemas cotidianos de la gente más pobre. (ver web 2)
2. El Estado y María Elena Moyano.
El tiempo que el gobierno parecía haberse olvidado de los desfavorecidos, en los distritos más populares comenzaron a surgir voces que se alzaban para reclamar los derechos de aquellos que jamás habían sido atendidos. Una de esas voces fue María Elena Moyano nacida en el distrito de Barranco (Lima) en 1958. Una vez en Villa El Salvador comienza a los 15 años a trabajar como profesora de educación primaria. Tras duros años realizando el trabajo que el estado desatendía, en 1986 se convirtió en Presidenta de la Federación de Mujeres Villa El Salvador, papel que desempeña la protagonista de Coraje al inicio de la película. Como presidenta de esta Federación, vemos a María Elena al frente de los comedores populares que iba abriendo, uno a uno, con total entusiasmo y esperanza. Asimismo, defendió con ímpetu el programa del Vaso de Leche que en palabras que la propia María Elena dejó escritas en la autobiografía que estaba preparando antes de su muerte: “quizás parezca algo tan simple, pero para los niños del Perú, un vaso de leche significa mantenerse vivo. (citado en McEvoy: 89).
En definitivas cuentas, el ideario político defendido por María Elena Moyano, militante de Izquierda Unida, partido con el cual alcanza la Tenencia de Alcalde de Villa El Salvador en 1989, le hace posicionarse críticamente frente al Estado.
Frente al ‘fujishock’ encabezó una marcha de ollas vacías y dirigió las campañas de salud durante la epidemia de cólera tal y como se indica en el film. Pero si hay algo que destacar en su postura de oposición al Estado defendido desde el gobierno, es que lo hizo desde la condena pública de la violencia ejercida por Sendero Luminoso. Su oposición se mantuvo hasta el día anterior a su muerte, jornada marcada por Sendero como “paro armado” y frente al cual, María Elena convocó una Marcha por la Paz en la que medio centenar de personas, con María Elena a la cabeza, ondearon banderas blancas.
3. El Estado y Sendero Luminoso.
Como ya hemos indicado con anterioridad, es en 1980cuando comienza la actividad del PCP-SL. Sucedió bajo el segundo mandato de Belaunde cuando la apertura a un nuevo sistema democrático permitió la organización y movilización de una nueva corriente de izquierdas. Esta corriente que llamaba a la participación popular fue capeada por una postura paternalista de Belaunde que prometía mayor empleo y una mejor economía. Sin embargo, una respuesta distinta fue la de Abimael Guzmán Reynoso, un profesor de filosofía de la Universidad de Arequipa que asentó las siniestras bases del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso como plataforma de desafío al Partido Comunista establecido. Su discurso fervientemente marxista de orientación maoísta atrajo a un nutrido grupo de estudiantes fascinados ante la carismática figura de Guzmán.
Más allá del proceso de formación de Sendero, tema que no es objeto de nuestro estudio, debemos acudir a la presencia de esta organización terrorista a lo largo de la cinta.
Podemos decir que actúa de cuatro maneras en cuatro momentos distintos, a saber: cometiendo atentados contra los comedores sociales, difamando la figura de la líder Moyano, sembrando la duda sobre la líder comunal entre los propios miembros de la Federación (cuestión que tratamos en el siguiente epígrafe), y, finalmente, cometiendo el vil asesinato de María Elena. Vayamos por partes:
A pesar de que la lucha de María Elena contra la forma de Estado defendida desde el gobierno fuera clara a todas luces, para Sendero Luminoso, este tipo de actividad política no era más que “colchones del sistema” y sus líderes, entre las que incluía a Moyano “bomberos de la revolución”. Desde que María Elena se posicionó en la lucha de izquierdas puramente pacifista, Sendero la puso en su punto de mira manifestándolo mediante atentados contra la obra levantada por ella y sus seguidoras.
Al ver el empeño de la líder, que no dejó de mostrar su tesón por conseguir otro tipo de estado mediante el ejercicio de la democracia bajo un régimen pacífico, Sendero decidió emplear una guerra de desprestigio contra María Elena con el fin de crear desconfianza entre sus seguidoras hasta finalmente desprestigiarla por completo. Así en el filme aparecen panfletos, utilizados en los hechos reales, en los que se le acusa de corrupción y de colaboradora del Estado así como de “trabajar contra la revolución maoísta” (Burt: 180).
El mismo movimiento en cuyo sustrato ideológico se combinaban las ideas de justicia social, libertad e igualdad, metas anheladas por los grupos que más acusaban los estragos de la situación económica del momento, pronto se convirtió en una máquina de terror que perdió el apoyo, precisamente, de aquellos grupos por los que supuestamente iba a beneficiar su lucha gracias a una hábil maniobra tomaba por Fujimori al repartir entre el campesinado armamento. Así se produjo la inaudita alianza entre campesinado y ejército.
Pero eso no fue suficiente y Sendero continuó su camino sembrando el terror de la sierra a la costa adentrándose en la capital: en su lucha por destruir el Estado (ese Estado destruido y no otro, es el único modelo de Estado capaz de concebir el senderismo tal y como le ocurre a cualquier otro tipo de terrorismo), el asesinato de María Elena Moyano, marcó, con matices, un antes y un después en la historia de la lucha antiterrorista en Perú.
Otras ideas
El miedo: fracturas dentro de la Federación, asesinato de María Elena y el final de Sendero.
Con anterioridad apuntamos que más allá del tema establecido en torno al Estado, todas las demás ideas a destacar de esta película emanan del mismo argumento. Así, este epígrafe dedicado al terror y al miedo deriva del propio modelo de anti-Estado perseguido por Sendero Luminoso.
Queremos subrayar las sospechas que María Elena mantiene sobre la posible afinidad senderista de alguno de sus colaboradores a lo largo del filme. Estas sospechas mantenidas en vida por la líder resultaron estar acertadas tal y como se comprobó en la comisión de investigación abierta tras su asesinato y es un tema éste que nos hace reflexionar sobre la naturaleza humana llena de perfidias. Es decir, algunos de sus asistentes pudieron, por así decirlo, facilitar a los criminales datos sobre su líder necesarios para la ejecución de su asesinato que se produjo en la celebración de una pollada a la que había sido invitada tras la marcha por la paz. Estas fracturas internas abiertas por los senderistas y medios afines como el periódico El Correo a través de una campaña de injurias, desprestigio y acoso, también nos habla de los miedos de una sociedad empobrecida y hambrienta que, perdida, ya no sabía a quién podía acudir para lograr mejorar sus condiciones de vida. Muchos tendieron las manos a quienes resultaron ser sus peores enemigos (se calculan en 25000 las víctimas mortales causadas por las acciones de Sendero y las campañas militares ordenadas al ejército por Fujimori en total desprecio por los Derechos Humanos y por las que murieron también cientos de inocentes).
También nos resulta interesante el poder catalizador que ciertas muertes ejecutan en la sociedad, tal fue el caso del asesinato de María Elena Moyano. Si hacemos caso a los datos que nos ofrece McEvoy así como a las imágenes de la ficción cinematográfica, a la Marcha por la Paz convocada el 14 de febrero por María Elena y de la que ya hemos hablado sólo acudieron unas 50 personas mientras que su sepelio celebrado dos días después, reunió aproximadamente a unas 10000 personas. McEvoy señala que la responsabilidad de este hecho se encuentra en el proceso de “heroicización” de la figura de la líder llevado a cabo por los medios de comunicación. Nosotros creemos que es la necesidad de encontrar un referente moral lo que empujó a la gente a acudir a la calle a honrar a la líder asesinada. Además su condición de líder, mujer y negra (raza que en Perú suponía en 2004 un tres por ciento de la población), repercutió en el tipo de manifestante (en su mayoría mujeres), así como en el recuerdo que queda actualmente de su obra, tema éste que abordamos en las conclusiones.
Por otra parte, y aunque este hecho no queda reflejado en la película no queremos dejar de señalar que en verdad el asesinato de María Elena no produjo el declive de inmediato de las acciones terroristas de Sendero Luminoso ni siquiera la concienciación por parte de todos los ciudadanos peruanos frente a las atrocidades senderistas tal y como se quiso hacer ver en un primer momento.
Si por un lado la detención de Guzmán se produjo en julio de 1992 no fue hasta meses después, tras un atentado en el acomodado departamento limeño de Miraflores donde reside la media y alta burguesía capitalina que ésta tomó conciencia del peligro que este grupo suponía para toda la ciudadanía peruana. Hasta entonces, este estrato social había visto este problema como un asunto del mundo serrano, del mundo, en definitiva, de los indios.
Sentimiento de comunidad.
Este es un tema menor en cuanto que pulula en la acción de todo el filme sin ser del todo abordado por el director y que puede ser entendido, en verdad, como parte del pensamiento ideológico que María Elena quiso consolidar en su modelo de Estado. El sentimiento de pertenencia a la comunidad, de trabajo altraísta por ésta aparece por primera vez de forma destacada en el momento en el que, tras recibir el Premio Príncipe de Asturias en nombre de Villa El Salvador, regresa al susodicho departamento y aclara que la cuantía recibida por tal honor repercutirá plenamente en el pueblo para seguir adelante en la lucha.
Otra escena que, a nuestro parecer, es especialmente demoledora y a la que el director tal vez no le presta demasiada atención, es aquella en la que, estando en Madrid, María Elena entra en unos grandes almacenes y observa con distancia y pesadumbre el mundo de la opulencia que se abre ante sus ojos que no dejan de recordarle las calamidades que sufría su pueblo. En esa mirada limpia, sin rencor pero con unas evidentes ansias de superación, encontramos a la buena María Elena, intencionalidad argumental del director que ahora analizamos.
Conclusiones y crítica: hoy, mañana y siempre, siempre María Elena.
Esta modesta producción hispano-peruana, que apenas sí tuvo presencia en los circuitos cinematográficos de nuestro país, es un ‘biopic’ desgarradoramente fiel a la vida, obra y muerte de María Elena Moyano. De su vida, el director escogió, como hemos visto, los años más relevantes. Es tan realista (utiliza palabras dichas por la propia María Elena, llega al detalle de utilizar un ataúd blanco como en el que fue enterrada…), que nos es difícil catalogar como película un film que casi podríamos denominar como “documental dramatizado”.
Asimismo, el tipo de narración lineal de los hechos facilita un visionado ininterrumpido del filme que desde un primer instante envuelve en su acción al espectador. Por otro lado, un inteligente guión permite mantener la atención del público a medida que éste se ve, sin duda, identificado con su malograda protagonista. Hay que reconocer que en esto pesa mucho la excelente actuación de Olenka Cepeda que da vida a María Elena y cuyo parecido con ésta ya no sólo físico sino también en la tonalidad de la voz, aún hace de la película una obra más emocionante y hermosa si cabe.
En lo que a nuestra crítica se refiere simplemente podemos creer evidente que la intencionalidad del director es la de presentarnos la vida de una mujer esencialmente buena (por muy maniqueísta que esto suene, así es), luchadora incansable y víctima de quienes dijeron hablar en nombre de la revolución olvidando que ésta jamás puede pretender imponerse mediante la violencia de las armas.
Yendo más allá nos hemos preguntamos sobre el porqué del olvido de María Elena Moyano, sobre cuáles son los motivos que hacen que su nombre a penas aparezca en los manuales más actuales de Historia de América y por qué son escasos los artículos monográficos sobre su figura aún hoy.
Si acudimos a la web de los Premios Príncipe de Asturias (ver web 3) leemos con sorpresa que en la trayectoria por la que en 1987 se le otorga el premio a la Concordia al distrito de Villa El Salvador, se nombra sólo y exclusivamente al alcalde del departamento en aquel entonces, Miguel Azcueta, silenciado el de la Teniente-Alcaldesa, María Elena Moyano, algo asombroso e inquietante a partes iguales, dado que fueron ambos, Miguel y María Elena, quienes recibieron de manos del Rey y del Príncipe, el dicho premio tal y como demuestra la imagen (ver web 4).
Sin querer caer en falacias, lo cierto es que, ante las hagiografías publicadas en torno a las figuras de otros líderes (hombres), relevantes al mismo nivel que María Elena a nuestro parecer, creemos que su condición de mujer, negra y peruana que además ejerció un papel como líder comunal que, por lo general, han desempeñado los hombres, ha corrido en contra de la Madre Coraje, proclama Heroína Nacional casi una década después de su asesinato, quedando su recuerdo, injustamente, menoscabado. Nos preguntamos que habría sido de la memoria de las acciones de María Elena de haber sido un hombre nacido en una sociedad occidental.
A pesar del olvido, nos congratulamos de haber descubierto en Coraje una herramienta para emprender el camino a un primer acercamiento sobre tal insondable personalidad.
Por último, decir que, entre las decenas de videos que circulan por la red sobre ella, nos quedamos con aquel que nos muestra el cortejo fúnebre de María Elena y en concreto con las palabras que una multitud de mujeres coreaba con tristeza: “Hoy, mañana y siempre, siempre María Elena”.
Sirva este comentario para recordar y reivindicar su figura y memoria.
WEB
1 http://cinelatinoamericano.org/cineasta.aspx?cod=196
2 http://www.munives.gob.pe/Ves_historia.htm
3 http://www.fpa.es/premios/concordia/
BIBLIOGRAFÍA
-BURT, Jo-Marie: “Los usos y abusos de la memoria de María Elena Moyano”. A contracorriente: una revista de historia social y literatura de América Latina, Vol.7 Nº2, 2010 pp. 165-209.
-KLARÉN, Meter F.: Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos. Lima, 2004.
-MCEVOY, Gabriela: La construcción de la imagen heroica a través del discurso periodístico. El caso de la activista peruana María Elena Moyano. Revista Historia Crítica, Nº35. Bogotá, Enero-Junio, 2008 pp.82-104.
La nación clandestina.
Me permito la licencia de reproducir aquí el comentario a esta película boliviana de 1988 que he realizado para una asignatura.
Antes de comenzar el comentario sobre el film, abordaremos, de forma escueta, la biografía y filmografía del autor del mismo.
Jorge Sanjinés (La Paz, 1936) está reconocido como el director de cine más influyente de Bolivia en la actualidad. Desde sus orígenes como director de cortometrajes (Sueños y realidades, 1961), ha mostrado su interés por temas de carácter social y una fuerte preocupación y compromiso con la situación, en claro desfavorecimiento, que sufren los indígenas de hoy en día.
Tal es así, que pronto apostó por contar con actores no profesionales de origen indígena para su largometraje Ukamunu (1966), que además está rodada plenamente en lengua aymara o aymará.
Por otra parte, y ya centrándonos en el film objeto de nuestro comentario, La nación clandestina (1988-89), sigue esta misma línea en cuanto a la selección de los actores y la lengua aymara se refiere, aunque en esta ocasión también cuenta con diálogos en castellano. Para acabar con esta parte introductoria destacamos que este film, premiado con la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián de 1989, ha sido catalogado como “la obra cumbre” del director.
El hilo argumental, sencillo, austero, es el siguiente: Sebastián Mamani, un hombre indígena que ha sido expulsado de su ayllu por motivos que más adelante veremos, intenta regresar a su comunidad sin éxito. Este personaje es presentado, triste y vagabundo, habiendo sido forzado a comenzar una nueva vida en la ciudad donde iniciará una distinta etapa con un nuevo apellido. Con todo, él regresará para redimir sus culpas mediante una danza ritual que le costará la vida.
IDENTIDAD
Creemos que esta es la cuestión clave que se plantea y sobre la que gira la película. Los problemas de saber quiénes somos y hasta qué punto podemos dejar de serlo adaptando nuestra identidad a nuestras propias necesidades del momento. Esta cuestión sobresale sobre todas las demás más abajo abordadas.
Es una idea muy importante para poder entender este film que tiene un gran valor etnográfico y al que el propio director le da importancia al dedicar la película “al pueblo aymara” en un tono evidentemente reivindicativo. En la acción del film, esta cuestión es encarnada por el propio protagonista que, habiendo sido expulsado de su Comunidad, emprende una nueva vida en la ciudad cambiando su apellido para camuflarse, tal vez, entre la multitud. Este gesto es visto por su madre como una ofensa hacia ella y su linaje. Si el apellido es una seña de identidad y origen, la vestimenta también lo es. Es tal la importancia de este aspecto que Sebastián Mamani (que pasó a ser Sebastián Maisman en la ciudad), a las afueras del territorio perteneciente al ayllu Willkani rechaza de manos de su madre el gorro típicamente indígena que ésta le ofrecía para que no pasase frío por el camino. Su gesto se debía al deseo de no ser confundido con “un indio”.
Sin embargo, sus intentos de ocultar su origen son en vano ya que cuando su hermano Vicente lo va a buscar a la ciudad e intenta explicar quién es la persona a la que busca obtiene finalmente un ¡ah, el indio!. ¿Cuál es la estrecha línea que separa los conceptos indígena e indio? ¿Cómo podemos entender que entre los propios indígenas- que habitan en la ciudad- esta división exista?
LA RELIGIOSIDAD
Tal vez esta idea tenga mucho que ver con la anterior, podemos decir que está estrechamente vinculada. El hombre americano es profundamente religioso y dentro de su propia religiosidad guarda aspectos tanto católicos como puramente indígenas. Esto se ve muy bien en esta película cuando asistimos a las ofrendas que un personaje le realiza a los nevados. Mediante la religiosidad también observamos hasta qué punto y con qué rapidez un indígena puede aculturarse en la ciudad ya que Sebastián pregunta asombrado a su mujer si aún sigue creyendo eso y ella le responde que sí que ella “va donde los dioses viejos y que eso en la ciudad se olvida muy pronto”. En esa ofrenda que un hombre, como decimos, le dedica a los nevados encontramos una oración muy reveladora. Dice así: “nuestro pasado vuelve en el presente, es el presente. Estamos siempre viviendo el pasado y el presente juntos, antiguos dioses nuestros.”
Esta convivencia de ambos tiempos nos habla de la forma que los pueblos andinos tienen de elaborar el pasado y afrontar el futuro: como indica Alberto Flóres Galindo (1988, 25), se trata de “encontrar en la reedificación del pasado la solución a los problemas de identidad”.
EL GOLPE MILITAR
Un alzamiento militar condiciona en buena medida el desarrollo de la acción.
Si bien es cierto que la profunda religiosidad de las gentes suramericanas es uno de esos “universales” hispanoamericanos, la lacra golpista a la que han tenido que hacer frente prácticamente todos los países iberoamericanos es otro de ellos. Las escenas de violencia y confusión se repiten, se oyen sirenas al tiempo que un grupo de indígenas es fusilado. Es entonces cuando, en uno de los constantes flash back que el director utiliza como medio de narración, conocemos que Sebastián fue durante unos años parte del ejército para vergüenza de los suyos. Es decir, Sebastián, un hombre sin identidad, quizá ya sin principios, enroló durante un tiempo en el ejército para tratar de encajar en la sociedad urbana a pesar de que esto supusiera reprimir a su propio pueblo, ir en contra de los intereses de los suyos. Esto es, abandonó un sistema de valores (de raíz indígena y rural) al ser expulsado de su comunidad, y fue en busca de otro, en la esfera blanca y urbanita.
También es entonces cuando aparece la figura del estudiante universitario perseguido por los militares por ser “comunista” que se cruza con el propio Sebastián al que le pide su poncho para pasar desapercibido. Él, que tiene una misión que cumplir, que veremos más abajo, se niega y el estudiante es alcanzado por las balas de los militares.
Este universo de violencia y desorden es realmente impactante y marca el carácter comprometido que tiene la cinta.
En medio de esta situación se habla de organizaciones de carácter obrero y socialista y entran a escena un elemento más a sumar a la idea de identidad: los símbolos. Se ven grupos de indígenas enarbolando dos banderas: la de Bolivia y la unancha o whipala (bandera de siete colores) que decora la portada de este comentario. Respecto a este segundo símbolo decir que ha sido tomado por los pueblos andinos como la enseña bajo la que reivindican sus derechos. Según la página web número dos, es la bandera del Tahuantinsuyu y sabemos que ondea en la Plaza de Armas del Cuzco durante la celebración del Inti Raymi o fiesta del Sol. A pesar de no haber podido encontrar una historia verdaderamente convincente del origen de dicha bandera, entendemos que es un símbolo con unas fuertes cargas alegóricas; unión del hombre andino con la naturaleza a través de la representación del arco iris presente éste ya en la iconografía de los Andes prehispánicos.
EL AYLLU Y SU LEY
En el transcurso de la acción descubrimos que el ayllu al que pertenece Sebastián se trata de una Comunidad cerrada que defiende su independencia y autarquía recelando de los gringos que “siempre nos han engañado”. Entonces conocemos la verdadera razón por la que Sebastián fue expulsado un día del ayllu con la condena de no regresar jamás: siendo autoridad del ayllu, es decir, desempeñando un cargo civil dentro de éste, se quedó con la mitad de las ayudas percibidas y además silenció una reunión vital para la Comunidad.
Este hecho es denunciado en asamblea y es ahí cuando se decide su pena. Tal vez es llamativo el testimonio de la madre y esposa de Sebastián que en vez de testificar, como veríamos lógico a pesar de estar mintiendo, a favor de su hijo y esposo, lo inculpan ya que saben que es totalmente cierta la acusación de robo y mentira.
Según Marcelo Fernández (2000, 52), la pena por robo entraría dentro de la categoría de “sanción social” que no busca más que el remordimiento y arrepentimiento del culpable mediante el ostracismo. Por ello deciden no matarlo a pedradas sino expulsarlo del ayllu. Y ahí comienza su exilio en la ciudad.
EL GRAN DANZANTE
Un elemento clave que no hemos explicado a pesar de estar presente durante toda la película es el de la forma por la que Sebastián redime sus culpas para con el grupo. Se señala que, de pequeño, Sebastián ve cómo un hombre danza hasta morir para eximir sus culpas frente al ayllu y que ésa imagen lo marcó profundamente.
Después de que se supiese de sus faltas, Sebastián encarga hacer una máscara con la que bailaría hasta la extenuación. Con ella va cargado durante todo el film sin que nadie conociera muy bien sus intenciones.
Llega a los límites del ayllu y ante la intentona de hacerlo regresar a la ciudad por parte del grupo, Sebastián consigue convencer a parte de los miembros del ayllu para que le dejasen danzar hasta la muerte.
Con la onírica imagen de un Sebastián danzando hasta el desfallecimiento acaba La nación clandestina.
LA NACIÓN CLANDESTINA: CONCLUSIONES Y CRÍTICA.
Para esta parte crítica del film hemos decidido trazar una reflexión para adentrarnos en la intención con la que el director nombró a este film como La nación clandestina. Por el marcado perfil indigenista de su trayectoria profesional, podemos deducir que, tal vez, el título sea una forma de denunciar la situación en la que se hallan las comunidades indígenas aquí retratadas. Puede estar haciendo referencia a la nación paralela, invisible (e indígena) a la “oficial” que vive, por norma general, en medios urbanos. Esa nación rural, marginada y despreciada o en su defecto, manipulada a su beneficio por los gobiernos, subsiste a duras penas a pesar de todo, o de algunos.
Por otra parte, resulta difícil tratar como película una cinta que, a pesar de contar una historia ficticia, tiene tal número de elementos etnográficos (tanto de cultura material como de pensamiento), que la convierten en un instrumento alternativo de estudio para los antropólogos americanistas, haciendo así de este film un híbrido entre la ficción cinematográfica y el documental etnológico.
Tal vez lo peor de la cinta lo encontramos en los aspectos técnicos ya que el sonido y la imagen dificultan su visionado. Además, el constante recurso al flash back, hace casi indispensable volver a verla una segunda vez.
Bibliografía consultada
DELER, J. P. y SAINT GEORGEOURS (compiladores: Estados y naciones en los Andes (volumen 1).Instituto de Estudios Peruanos. Lima, 1986.
FLORES GALINDO, A. Buscando un inca. Editorial Grijalbo. México, 1988.
MARCELO FERNÁNDEZ, O.: La ley del ayllu; Práctica de jach’a justicia y jisk’a justicia –justicia Mayor y Justicia Menor- en las comunidades aymaras. Programa de Investigación Estratégica en Bolivia. La Paz, 2000.
Webs visitadas
Avatar cae en tierra hostil
Anoche se celebró la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia. En su edición número 82,la lucha estaba abierta (con divorcio de por medio incluido), entre la fantasía de Avatar ofrecida por James Cameron y la más cruda realidad irakí defendida con En tierra hostil por Katheryn Bigeow, ex esposa del anterior que a la postre se ha convertido en la primera mujer en obtener el Oscar a la mejor dirección justo el día que se celebra el Día de la Mujer.
Aparte del triunfo de esta épica contemporánea (conseguió un total de seis estatuillas frente a las tres -de carácter técnico- de Avatar), son destacables tres hechos más. En primer lugar, el de que Sandra Bullock se alzase con el premio a la mejor actuación femenina sólo unas horas después de ser “galardonada” con el Razzie a la peor actriz del año. Esto supone dos cosas, a saber: que el mundo del cine es bipolar y, la más grave, que nuestra intocable Meryl Streep, “la eterna nominada”, tal y como se la conoce, volviera a casa con las manos vacías.
En segundo lugar, comprobamos que los presagios se cumplieron: Mo’nique, le arrebató el oscar a nuestra intocable Pe, algo que hasta ella misma veía como inevitable e incluso justo.
Y, en tercer lugar, una pequeña sorpresa dentro del márgen. A pesar de que La cinta blanca partía como favorita para alzarse con el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, el premio,de cuya entrega estuvieron encargados Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino, recayó finalmente en la argentino-española El secreto de sus ojos.
Y aquí está la lista completa de ganadores
Celda 211: un nuevo cine español
El pasado fin de semana conocí el trabajo de Daniel Monzón que se ha convertido en la cinta más laureada en la última edición de los Goya, circunstancia ésta acompañada por los aplausos de la mayoría de los críticos patrios y el favor mayoritario del público.
El filme, basado en la novela homónima del periodista Francisco Pérez Gandul, e hija de TelecincoCinema, narra la historia de un funcionario de prisiones que corre con la mala fortuna de incorporarse a su trabajo justo el día en el que la cárcel donde ha de trabajar sufre un amotinamiento capitaneado por Malamadre, el personaje al que da vida Luis Tosar.
Sin detenernos en el argumeto marcado por el destino aciago del funcionario de prisiones interpretado magistralmente por Alberto Ammann (premiado con el Goya al mejor actor revelación), debemos señalar que esta película sigue el espíritu de la hornada de producciones en las que ha colaborado la productora de la cadena amiga a lo largo de este pasado año: marca un nuevo camino en la trayectoria del cine epañol.
Si bien es cierto que con Spanish Movie y Ágora disfrutamos de sendas adaptaciones a la española (en el sentido peyorativo del término, que diría aquélla), de géneros típicos del cine estadounidense ( la spoof movie y el péplum, respectivamente), lamentamos que ambas tuvieran más de Scary movie o Apocalypto que de El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, Mel Brooks, 1974) o Cleopatra (Joseph L. Maniewicz, 1963). Pues, bien, como decimos, Celda 211 continúa este sendero abierto para un nuevo cine español, tal vez nacido, a su vez, para un nuevo tipo de espectador.
Sí, muy posiblemente la película es merecedora de las buenas críticas recibidas; sí, eso, y mucho más. No hay casi nada (esto es, nada) reprochable a nivel técnico, argumental o interpetrativo (perfecto Tosar, perfecto Resines). No hay momento en el que el espectador deje de fijar sus ojos en la pantalla; no hay cabida para el bostezo. Es, en efecto, perfecta en su ejecución y ha cumplido con el mayor deseo de todas las partes que la han hecho posible: hacer que el espectador acuda en masa a las salas de cine tal y como pasó en los casos de las otras produciones anteriormente citadas. Gracias a ello, recordamos, 2009 terminó con un cine español más fuerte (al menos en canto a las ganancias se refiere), que nunca, consiguiendo un porcentaje de cuota de pantalla veinte puntos por encima que en 2008, la mejor cifra de la década.
Ahora bien, si el éxito de nuestro cine se basa en cintas que rechazan o abandonan el carácter intimista y especialmente narrativo común al cine elaborado en Europa o América del Sur, ¿qué nos va a quedar, en verdad, de nuestro cine? ¿A qué coste está dispuesta la industria conseguir el éxito? ¿Es este el paso hacia la “americanización” (en el sentido peyorativo del término, una vez más), de nuestro cine?
Bueno, creo que he acabado tremendista y no estoy yo por la labor… Espero, al menos, abrir con mis palabras un espacio para la reflexión y la controversia,
¡Seguid disfrutando del séptimo arte!
El globo era azul… y blanco.
Está claro, los supuestos augurios en forma de premios “antesala de…” no sirven de nada (o casi). Como anuncié en mi anterior post, Almodóvar ha ganado el Premio de la Crítica de los EE.UU. a la mejor película extrajera este pasado sábado.
Este premio es considerado “antesala de los Globos de Oro”, donde Pedro luchaba por alzarse con el dorado premio dentro de la misma categoría, por lo que, según los gurús de la cinefila, era de esperar, de nuevo, el éxito.
Por otro lado, teníamos a Pe que, como si de su Ulises se tratara, esperaba que esta vez (era la tercera) el Globo fuera a acabar entre sus brazos tal y como parecían indcar todos los críticos por su buen hacer en el musical Nine.
Pero, ¿para qué sirven los augurios, los videntes de diverso pelaje y las críticas más expertas? Pues para equivocarse rotundamente.
Porque Nine, por ejemplo, que contaba con cinco candidaturas se fue con las manos vacías (entre ellas las de Pe) y porque la anunciada trilogía (como si de una amenaza se tratara) de James Cameron venció contra todo pronóstico tiñiéndolo todo de un azul intenso.
Bien es cierto, sin embargo, que La cinta blanca (no puedo pasar más tiempo sin verla), venia pisando fuerte y algunos apuntaron a ella como gandora del premio al que Almodóvar optaba, tal y como, finalmente, ha sido. Pero lo de Pe ya es mala suerte…
Al menos, si este año no está llamado a ser el de Penélope Cruz, al menos sí pararece ser el de la estupenda Meryl Streep (mi primera Intocable y ganadora este sábado del Premo de la Crítica), que no deja de ser un gran, grandísimo, consuelo.
Y dentro de nada, sabremos los candidatos a formar parte de la corte del tío Oscar. Eso sí, visto lo visto, uno no se atreve a hacer quinielas.
Aquí está la lista de premiados:
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO: Mo’nique – “Precious.
MEJOR ACTRIZ EN UNA SERIE DE TELEVISIÓN – COMEDIA O MUSICAL: Toni Collette – “United States of Tara”
MEJOR ACTOR DE REPARTO EN TELEVISIÓN: John Lithgow – “Dexter”
MEJOR PELÍCULA ANIMADA: “Up”
MEJOR ACTOR EN UNA SERIE DE TELEVISION- DRAMA: Michael C. Hall – “Dexter”
MEJOR ACTRIZ EN UNA SERIE DE TELEVISIÓN- DRAMA: Julianna Margulies – “The Good Wife”
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL: “The Weary Kind” – Crazy
MEJOR BANDA SONORA: Michael Giacchino – “Up”
MEJOR MINISERIES PARA TELEVISIÓN: Grey Gardens (HBO)
MEJOR ACTRIZ DE COMEDIA O MUSICAL: Meryl Streep – “Julie & Julia”
MEJOR ACTOR EN UNA MINISERIE DE TELEVISIÓN: Kevin Bacon – “Taking Chance”
MEJOR ACTRIZ EN UNA MINISERIE DE TELEVISIÓN: Drew Barrymore – “Grey Gardens”
MEJOR GUIÓN CINEMATOGRÁFICO: Jason Reitman – “Up In The Air”
MEJOR ACTOR EN UNA SERIE DE TELEVISIÓN- COMEDIA O MUSICAL: Alec Baldwin- “30 Rock” (NBC)
MEJOR PELICULA EXTRANJERA: “The White Ribbon” (Alemania)
MEJOR SERIE DE TELEVISIÓN- DRAMA: Mad Men (AMC)
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO EN TELEVISIÓN: Chloë Sevigny – “Big Love” (HBO).
MEJOR ACTOR DE REPARTO: Christoph Waltz – “Inglourious Basterds”.
MEJOR DIRECTOR: James Cameron – “Avatar”
MEJOR SERIE DE TELEVISION- COMEDIA Y MUSICAL: “Glee” (FOX)
MEJOR PELÍCULA DE COMEDIA O MUSICAL: “The Hangover”
MEJOR ACTRIZ DE DRAMA: Sandra Bullock- “The Blind Side”
MEJOR ACTOR DE COMEDIA O MUSICAL: Robert Downey JR- “Sherlock Holmes”
MEJOR ACTOR DE DRAMA: Jeff Bridges- “Crazy Heart”
MEJOR PELÍCULA-DRAMA: “Avatar”

















